miércoles, 31 de agosto de 2011

A mi hija

No soy tu amiga. Soy tu mamá.
Soy la piedra que molesta en el zapato. La encargada y responsable de los límites. La mala de la historia. Te acosaré, me enojaré mil veces, te sermonearé, prohibiré que hagas las cosas que más anhelas, te volveré loca y muchas veces sentirás odio por mí. Esto último me indicará que estoy haciendo las cosas bien.  
Lamentablemente ni vos ni nadie, puede entender la dimensión del amor que un ser humano siente por un hijo hasta el momento exacto en el cual se convierte en padre. Nadie te lo puede explicar. Cuando te pase, sabré que te convertiste en un adulto responsable y me vas a dar la razón.
Tenés que saber que  NUNCA encontrarás a alguien que te ame y que se preocupe por tu felicidad más que yo, a quien le importes más que a mí y a quien yo, pueda amar más.

sábado, 5 de marzo de 2011

Tocando fondo. (A pedido de Dany)

Hace unos años, más de cuatro seguro, fui a donar sangre para un familiar de un conocido. Y desde ese día, se me volvió una necesidad crónica. Cuando lleno los formularios de rigor, contesto que "SI" a la pregunta si deseo que me llamen cuando necesiten mi sangre. Entonces, cada 90 días, me recuerdan que ya es tiempo de volver y allá voy, con mi ayuno a donde sea. Nunca había reparado "por qué" me gusta ésta rutina. Pero siempre supe porqué razones, no lo hago: No la vendo, no soy taaan generosa, no es por el desayuno gratis ni por el certificado que te permite tomarte el resto del día sin ir a trabajar (de hecho terminado el trámite, mi día sigue con normalidad), ni por hacerme un análisis de SIDA sin tener que solicitarlo, ni nada que se me pudiera ocurrir. Recuerdo que en ocasiones, he llegado a mentir diciendo que ya había pasado el tiempo reglamentario que se necesita, para que no me echen y me dejen donar.
Ya no hago esa pavada. Ahora me doy el "lujo" de esperar.
Ahora puedo hacerlo.

Hace 1 año me reencontré con una amiga (la única) de mi adolescencia, y le intrigó saber el motivo de mi "hobby". Como no supe responder, se puso a indagar y a investigarme más profundamente y lo descubrió.
Ella dice que voy, porque me conmueve hasta las entrañas cuando el técnico/a que controla la operatoria, se me acerca y me pregunta (en cualquiera de sus variantes) como me siento o si estoy bien.

Y yo le creo.

viernes, 25 de febrero de 2011

Volviendo a mí...

Nunca sospeché que sentiría éstos nervios que insisten en entrelazarse con ansiedad, temor, alegría, angustia, incertidumbre, dolor de panza y sensación que todo vuelve a acomodarse, cuando estoy en las vísperas de una noche larga, a la espera del arribo de mi hija a casa, a mi vida, a mí...

martes, 11 de enero de 2011

Mal momento para empezar...

No sé lo que uno manifiesta al morir.
Mucho menos si además sos donante de órganos y está el Incucai a la espera, para vaciarte antes de que te enfríes.
Pero no debe distar mucho de lo que se siente, cuando un hijo se va lejos y ya no te es posible olerlo, besarlo, reprenderlo o consolarlo.

Si se me concedieran tres deseos y fuera absolutamente sincera, no pediría que vuelva hoy ni mañana.
Mi deseo sería que no esté pasando por ésta tortura inenarrable de ausencia, que en éste instante, estoy advirtiendo yo.

Los otros dos, los descartaría.